AÑO 18 VOLUMEN 4817
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PLANA MAYOR

Gaudencio García Rivera

Moches y oídos sordos en Sefiplan

La doble moral. El discurso que pronuncia desde el púlpito en las mañaneras el presidente AMLO y la reiterada advertencia de “no robar, no mentir y no traicionar”, es sólo una simulación en Veracruz. Una parodia.

No aplica y no la entiende a cabalidad su discípulo Cuitláhuac García, el góber modosito, sarcástico y bailarín salsero. La retórica de AMLO para moralizar la función pública, Cuitláhuac la ejerce a su manera.

Le ha rendido excelentes y lucrativos frutos la doble moral en la administración estatal morenista. Todas las dependencias del aparato político estatal, sus titulares, sus áreas administrativas están cobrando comisiones o “moches” para participar en las licitaciones públicas.

No hay ingenuidad de la agraviada sociedad civil que le tocó capotear a los 4 últimos góber más corruptos de la historia de Veracruz –de Miguelito Alemán (1998/2004) hasta su tocayo e innombrable Miguel A. Yunes Linares (2016/18)-, ni olvido ni perdón.

Una cosa es el discurso oficial de Cuitláhuac, su fallido decálogo para inhibir y sancionar a los corruptos, y otra, la práctica. Hay una doble moral. 

Todos los proveedores sin distinción alguna son pasados al “cuatridiezmo” para que sean partícipes de las anheladas licitaciones públicas, o de lo contrario, son congeladas sus participaciones del pastel público. 

Si en los púlpitos religiosos hay una doble moral con los pederastas, homosexuales, lesbianas, lavado de dinero, ventas de indulgencias al mejor postor y simulación, por qué el gobierno de Cuitláhuac sería la excepción.

El cobro de “moches” o “cuatridiezmos” ocurre porque el responsable de las licitaciones públicas consultó a su jefe, el secretario en turno, y éste a su vez a su jefe, el góber. Simple. La antítesis de la corrupción.

El discurso de AMLO simplemente a la basura. O hay una pisca de ingenuidad del góber, o se está pasando de listo con su bandera anticorrupción, como ocurre con la disfuncionalidad de la lucha anticrimen en Veracruz.

Hay un paralelismo entre Cuitláhuac García y Javier Duarte. El morenista es neófito del teje y maneje del intríngulis político. El expriista es un corrupto en su máxima expresión, que hasta tomó clases del escapista húngaro Harry Houdini para desaparecer el motín de lo robado.

Hubo un grito a tiempo de la sociedad civil a su protector y amigo, el presidente de la República en turno, sobre los oprobios que estaban cometiendo en Veracruz, pero EPN lo soslayó, hizo oídos sordos.

Los resultados fueron la catástrofe para el estado, lo estamos pagando. Y hoy con Cuitláhuac está ocurriendo lo mismo, diferente el símil, pero grave en el fondo. La barbarie no para en la entidad.

Todo mundo pensó que con la llegada de Morena al poder público iba a cambiar para el bien común. Pero no ha sido así. Una utopía. Todo ha sido una vil patraña, el cambio, el relevo, el ajuste del aparato político, es para beneficiar a la cofradía cuitlahuista.

Los proveedores en general están abandonados a su suerte, no hay interlocución, seria y responsable. La Unidad de Atención a Proveedores de la Sefiplan actúa con ambigüedad e indiferencia con los reclamos de los rezagos de pagos que datan desde 2016.

El titular de la Sefiplan, José Luis Lima Franco, se encierra en su torre de marfil. No recibe ni atiende a ningún sector. No hay agenda porque siempre se  encuentra en reunión con el góber. 

Aplica el estilo “kafkiano” con los sectores productivos. El discurso cuitlahuista de pagos rezagados a proveedores es una auténtica tramoya. Una simulación, pues. 

Los que logran pasar el filtro “kafkiano”, de inmediato, los operadores de la Sefiplan se les van a la yugular. Sí hay pago, pero hay que cubrir el “moche”. Y todavía condicionado: no hagan olas porque entonces su futuro como proveedor de servicios será como la Siberia.

Este es el cambio, el cambio de Cuitláhuac y su modoso equipo. El doble discurso, la simulación con la nueva moral en Veracruz. 

Y mientras la sociedad civil y ciudadanos de a pie tendrán que aguantar seis largos años de oprobios y de la barbarie del crimen organizado que tiene a Veracruz de rodillas. ¿Pero qué hicimos para merecernos este infierno? 

Parafraseando al papa Francisco: ¡el diablo le  tiene bronca a Veracruz!

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