AÑO 17 VOLUMEN 4379

 

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DESDE HUATUSCO

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS…

Roberto García Justo

La fecha esperada está por llegar, son pocos los minutos que le quedan al  2017 que empieza a desvanecerse, como  la fragancia de una rosa que rocía   su perfume y se va perdiendo lentamente en la inmensidad del firmamento. No es fácil  creer que concluyan ya  trescientos sesenta y cinco días en este mundo de elevados sacrificios y excepcionales virtudes.  Lo justo es entender que nacimos aquí y por muchas razones en esta tierra nos quedaremos.

Pensando por adelantado, estamos seguros que haremos un esfuerzo grandioso para realizar una reflexión íntima y sincera, con la finalidad de analizar la realidad de una etapa que está a  horas de terminar.  Es posible reconocer el motivo de los errores cometidos, así como   también los aciertos en los  que con regularidad  habremos participado. Hay que evitar los fracasos, prolongando la alegría para que la nostalgia no sacuda nuestros corazones.

El tiempo pasa haciendo sentir su notable ausencia, a veces el cansancio se apodera de nuestra humanidad, creando  desánimo, pero, existen alternativas para poner las cosas en su lugar. El borrón y una nueva visión de nuestro entorno se transforman en una esperanza que despierta frente a una realidad conforme lo vallamos deseando y construyendo. Por eso habrá que retomar los proyectos pendientes, desarrollarlos y disfrutarlos, sin que nos invada la preocupación y la tristeza.          

Si está pensado en la cena para estas fiestas decembrinas, todavía podemos encontrar en el mercado carne  de guajolote para guisarlo relleno de picadillo, pasas, almendras, frutas secas y  rociado de salsa de ciruela. Esta ave de 30 o cuarenta kilos, fue uno de los beneficios  más maravillosos  que nuestro País regaló  al mundo. Con  el transcurso de los años se popularizó siendo el alimento preferido por muchos parroquianos. Se le conoce por distintos nombres,  los más característicos son,   pípila, totole,  cócono, pavo, chompipe, gallo de indias y pollo de Calicut.   

En el año de 1517 Francisco Hernández se sorprendió de ver una parvada de estos erguidos y esponjados animales que  se convirtieron en nuestros representantes ante los conquistadores. Sucedió a Hernán Cortes al desembarcar en Veracruz, lo primero que llamó su atención  fue  un “Huaxólotl”, al enviar su informe a Carlos V, le narró de su encuentro con “un ave de plumaje negro que se criaba por cientos en el palacio de Moctezuma.  Considerada como una deliciosa comida, preferida por los emperadores mexicanos que disfrutaban de su carne.”

Don Hernán lo dio a conocer en Europa, debido a que   envió un cargamento a su Rey, señalándole que era una de las cosas más exóticas que había encontrado en México. Y  los indígenas  acostumbraban guisarlo  en diferentes formas, como el  mole, los  tamales  rellenos y  mixiotes. En Francia, Francisco I, lo  probó por vez primera durante un elegante banquete y ofreció a sus súbditos algunos trozos, hablando de él como una de las cosas más agradables que había probado en toda su vida.  

Durante el reinado de Luis XVI, se convirtió en el platillo más consumido en la corte,  por lo que,  Luis XIV el famoso Rey sol, no dejaba de pedirlo en sus comilonas. De esa forma fue desplazando al pavo, que  en la Gran Bretaña  creían era  de origen asiático por su aspecto lleno de arrugas.  En el siglo XVIII, el poeta y dramaturgo John Gay lo menciona en uno de sus poemas. También Charles John Huffan Dickens lo internacionalizó en su libro titulado “Cuentos de Navidad”.  Se hizo indispensable  nuestro humilde huaxólotl   en la cena tradicional de esta época apetitosa y placentera. En la actualidad ha perdido su encanto al ser  substituido por  pavos importados por  grandes empresas transnacionales, restándole importancia a una especie que se presume ser auténticamente nacional.