AÑO 18 VOLUMEN 5232
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PLANA MAYOR

Gaudencio García Rivera

‘Para que los  sufren en carne propia la pobreza por la pandemia, víctimas del desamparo del poder público’.  

La metamorfosis sobre la Casa Veracruz

Rituales universales. A un año y nueve meses los morenistas encabezados por Cuitláhuac García acabaron tragándose sus propias palabras sobre el uso oficial de la Casa Veracruz. 

Fueron víctimas de su propia sevicia. 

Todas las prácticas, rituales, prédicas, cooptación y pactos en los drenajes del poder público que utilizaron el PAN y el PRI en el gobierno fueron anatemizadas por el nuevo gobierno morenista de Cuitláhuac García, acabaron abrazándolas para hegemonizar el poder público y partidista.

Hasta ahora el corte de caja para el pupilo del catequista de Palacio Nacional en Veracruz, es abrumadoramente negativo, pírrico, desolador. ¡Un fracaso de gobierno!

Que Obrador llame –cada día con gran parecido en  la toma de decisiones con el francés Joseph Robespierre, el gran demócrata que acabo siendo un gran dictador-a Cuitláhuac como el político “honesto”, no significa que sea un gran talento, un genio para resolver las pandemias del intríngulis político de Veracruz.

Los grandes conflictos o talones de Aquiles  del Estado, son por lo menos 3 ejes ancestrales a saber, que no ha podido desentrañar: 

El coco de la violencia en Veracruz continúa por las nubes.  La grave inseguridad pública que causa las complicidades abyectas del crimen organizado, que por omisión o comisión del poder público ha evadido atacar de fondo las redes financieras para desarticular las células criminales.

Los pequeños eventos de la detención de bandas o el abatimiento de líderes de la mafia que la SPP publicita como grandes acciones, causan suspicacia y escepticismo por los expertos en seguridad nacional.

La súper deuda pública. Veracruz andaba en 2018 por una deuda de más de 55 mil millones de pesos que heredó del defenestrado Javier Duarte y acabó elevándola el megalómano Miguel Ángel Yunes Linares.

No hay todavía castigo para Duarte ni para Yunes Linares. Si acaso un par de carpetas que parecen estar en el limbo. A Cuitláhuac ya se le olvido el castigo ejemplar para el par de trúhanes que saquearon las arcas del gobierno de Veracruz. A un año y 9 meses, se perfila el ‘perdón y olvido’.

No es la dinámica ni la narrativa de la fiscalía general, del secretario de Gobierno o del líder de la bancada mayoritaria de Morena en la LXV Legislatura local, o muchos menos, del secretario de Finanzas y Planeación. 

Hay una cortina de humo.

La pandemia de la salud. Las disposiciones de la Secretaría de Salud fueron tardías para aplicar las normas sanitarias, como fue el caso del gobierno federal. Una vez que se dispararon las muertes por Covid-19, Cuitláhuac y su aparato de salud quisieron tapar tardíamente el pozo, enfrentándose con la mayoría de los alcaldes de oposición.

En cada localidad, Covid-19 se desarrolla en forma diferente y que mejor los alcaldes apliquen normas de confinamiento de acuerdo o no con la gravedad de la pandemia. La fórmula, el diálogo y la conciliación. No se necesita ser genio. Pero se requiere voluntad de servir, como lo marca la pauta de la ciencia social: servir, no servirse para alimentar poder a costa de lo que sea.

Pero la sevicia que dosifica como balas de plata el gobierno de Cuitláhuac contra los opositores, acabó doblegándolo con el uso singular de la Casa Veracruz –sede oficial particular de sus antecesores-, a la que ahora utiliza con todo el pandemónium que ocasiona.

Lujos, vino, comida de primer mundo, servidumbre a la disposición, agentes de tránsito que le liberan el flujo del tránsito cuando va de Palacio de Gobierno a Casa Veracruz o viceversa. Y lo más importante, salvaguarda sus conciliábulos públicos y partidistas, sin el ojo visor de sus críticos y periodistas. 

Los rituales son universales. No hay que renegar. Las costumbres del poder se disfrutan sin perder el piso. Y en la Casa Veracruz, no podía  ser la excepción con el sello

particular de la metamorfosis kafkiana del  huésped en turno ¡Bendita democracia!