AÑO 11 VOLUMEN 4020

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DE FACHADAS Y BALCONES FLORIDOS 

De cultura y tradición

Nora Guerrero

Doña Teodora me recibe en su sala donde está el altar de muertos, hace un par de días que fue el ‘día grande’ de Todosantos o el Día de Todos los Santos. Suele ponerlo unos días antes y tam-bién, en una esquina o rincón, pone agua, sal y luz, para los niños no nacidos. El altar reposa en una pared forrada artísticamente con papel crepé azul turquesa y sobre ella penden racimos de fruta, hojas de tepejilote y ramitos de cempasúchitl. A un lado, una cortina también de crepé con adornos de papel de china. Sobre el altar, imágenes religiosas, fotografías de los finados -donde destaca la de su amado hijo- y veladoras. En la mesa, chocolate, tamales, pan de muerto, manjar, frutas de la temporada, dulce de camote y dulces de jamoncillo, refresco, cerveza, cigarrillos, ca-nastitas con dulces y agua, mucha agua…

Doña Teo, originaria de Tonayán, es una mujer frondosa, afable y muy trabajadora. Tuvo seis hijos y ya cuenta nueve nietos. A mediados de los años ’80, llegó con sus seis hijos a vivir a su nueva casa en la Unidad INFONAVIT Pomona. Hasta entonces, había vivido en el centro de la ciudad, en casa de sus suegros, donde fue muy feliz, rodeada de vegeta-ción: “A mi me gustan mucho las flores, mi suegra tenía árboles y plantitas: sauco, limas, palos de durazno, zapote blanco, palo de níspero, que antes había mucho en Xalapa y floreaba y daba frutos por esta época del año. Tenía romero y azucenas, rosas, azaleas y tulipanes”. Allí vivió con sus suegros, casi veinte años, compartiendo el jardín, mientras nacían los hijos.

Recuerda que traían para abono de las plantas, tierra de “La Alberca”, un lugar cer-cano al parque de los Berros. “Era un balneario y de allí bajaba el agua por la Murillo Vidal. Entonces era agua limpia que venía de un nacimiento. El lugar se llamaba La Playa y tenía dos salones de baile”.

Cuando llegó a su propia vivienda, le gustó que ya tuviera dispuesta un área para el jardín, al frente. Y comenzó su tarea apoyada por sus hijas. Sembró un árbol de laurel, chaya, “arbolitos de navidad” que dan frutillas rojas y amarillas no comestibles, un árbol de granada de Tehuacán y varios arbolitos sembrados en maceta que dan unas semillitas rojas, cuyo nombre no recuerda, pero que son altamente decorativos. Tiene plantas sem-bradas en tierra y otras en maceta que sube a los troncos y dispone de tal manera que hace lucir al pequeño jardín, muy florido.

Doña Teo tiene una planta muy exótica que le trajo una de sus hijas de tierra ca-liente, se llama pluma de águila, en verdad sorprendente, parece como si en la maceta hubieran ‘clavado’ varias plumas de la egregia ave. En su jardín también lucen los gera-nios en diferentes colores, los anturios en rojo y salmón, así como el ‘árbol de la vida’, el cactus orquídea conocida como Santa Teresita, las elegantes hojas ‘esqueleto’ de un verde intenso jaspeado, flor matalí, que sirve para drenar los riñones, clerolendo, trébol de cuatro hojas, suculentas de estrella y aterciopeladas y una planta muy original a la que lla-man “cigarro de cantinflas” porque da unas florecitas como cigarritos muy pequeños en color amarillo con rojo en la punta.

“A mi me gustan las plantas porque me gustan mucho las flores, me gustan desde niña. Siempre tengo flores en la sala y en el comedor”, dice doña Teodora a quien dos de sus cinco hijas le heredaron la pasión por las plantas y el gusto por atenderlas personal-mente, de modo que, cuando fincaron sus propias hogares, les hicieron jardín, una de ellas, en Banderilla. Así es como esta familia crea la cultura y forja la tradición…

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