AÑO 17 VOLUMEN 4256

 

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DESDE HUATUSCO

UN SOLDADO EN CADA HIJO

Roberto García Justo

Después  de la heroica  batalla del cinco de mayo de 1862 en la Ciudad de Puebla, entre  las fuerzas armadas de nuestro País que  enfrentaron con valor y patriotismo a los invasores franceses. Muchos integrantes de  la tropa se licenciaron o dieron de baja, para  retornar  a sus lugares de origen y  seguir con su vida normal, es decir, realizando tareas para ganar el sustento diario  y  alimentar a la familia.

De ese modo  vemos caminando por  las calles empedradas de esta Ciudad, a un hombre, muy firme de carnes, heredero de una disciplina, como si  estuviera gobernado por el paso redoblado que es una orden propia de la milicia. En sus manos traía sus instrumentos de trabajo, un bote con mezcla, brocha, lija, clavo y martillo. Especializado en reparaciones de albañilería, debido a que lo contrataban para tapar goteras  en los techos de las casas.  Las constantes  lluvias en la  región causan estrago en la parte alta de las viviendas.

Más allá de lo que la gente pudiera imaginarse, se trataba de un sargento que en sus años mozos se incorporó a la tropa para defender nuestra patria.  En sus ratos de descanso, contaba a sus amigos hechos de la historia de México que se guardan con honor y orgullo. El tono y la forma tan especial de narrar las remembranzas llenas de colorido, hacían de  este soldado ignorado un ejemplo al haber expuesto su vida al lado de sus compañeros, como el Capitán Miguel Vázquez, el Teniente Juan Morales, el subteniente Nicanor González y el Sargento Gabriel Figueroa, todos de esta localidad.

Apolinar Pilián, hablaba con mucha satisfacción, honrando a Huatusco que siempre está en la mejor disposición  para   dar hombres dispuestos a todo con el propósito de no permitir que los enemigos de los mexicanos le arrebaten el territorio  que con tanto esfuerzo han logrado obtener en base de la entrega personal y colectiva. Se enorgullecía por haber cumplido con su deber, hasta que los extranjeros salieron huyendo del campo de batalla, ya dispersos se   perdieron  de vista.   

El laborioso alarife, no ocultaba su aspecto rústico, honesto, cumplidor y respetuoso, era admirado por muchas personas que conocían sus hazañas gloriosas.  Pocas veces se le veía descansar, pasaba las horas bajo las inclemencias de los rayos solares o soportando el frío invierno que se advierte por el incesante chipi-chipi, siempre ocupado, ganando el pan con dignidad.  Sus cualidades  le ayudaban  para que el vecindario le solicitara sus servicios, ponía empeño en la tarea que le encomendaban los huatusquños de alma noble y corazón generoso. 

No faltó alguno  de los parroquianos que en forma de broma le sugiriera que pusiera un anuncio al frente de su vivienda que dijera: SE TAPAN GOTERAS A DOMICILIO. Él con su humildad lo mandó a pintar, es ocioso el comentario, demostró su ingenuidad, sin embargo  los lugareños simpatizaron  con la promoción, y sirvió para que lo llamaran con más frecuencia. Después de esa ocurrencia nació un hondo sentimiento de piedad  hacia aquel personaje que con decoro desempeñaba su responsabilidad.

Es lo que podemos decir  de un gran ciudadano que fue un ejemplo,  se dedicó a servir a los demás  en donde quiera que lo solicitaron, puso su integridad y buena fe, mucho entusiasmo y   voluntad en los deberes que estaban dentro de sus funciones.  Por ese mérito, hoy te reconocemos y podemos gritar sin obstáculos y con orgullo: ¡¡¡  VIVA EL SARGENTO APOLINAR PILIAN ¡¡¡