AÑO 10 VOLUMEN 3553

 

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DESDE EL ACATEPEC

Roberto García Justo

EL México del siglo XXI se debate entre muchos y diversificados  ángulos de la vida económica, política y social. Es una  cadena de circunstancias que reflejan las penurias con que se alimenta la totalidad de las familias que cubren el campo de las actividades propias de un país. Hay momento que las preguntas no tienen respuestas y las que  tienen no llenan las expectativas, por esa razón, cada quién elabora su propia teoría y camina pensando que lo correcto es no prestarle atención a las verdades que se confunden con las mentiras.

Ayer como hoy, los problemas se acumulan en un montón de reclamos urgidos por un pueblo que clama para que  le presten -al menos- atención.  Lo prioritario no es que se solucione lo que perece fácil de arreglar, sino que se diseñe o  reinvente una estrategia capaz de enfrentar lo que la sociedad mira, siente y sufre por falta  de seriedad para recapacitar ente los embates que por todas partes agobia la estructura de una Nación huérfana de justicia y expuesta a las peores de las catástrofes sufridas por los mexicanos.  

Cuando las muchedumbres depositan  en manos de sus  autoridades todo el poder para que elabore la forma ideal que permita equilibrar una convivencia pacífica, firme y seria,  lo dotan de ese ingrediente que se llama confianza, para que en el ámbito de sus atribuciones, proporcione los elementos justos y necesarios que transformen el retroceso en un  avance para beneficio de una mayoría que reclama que le sea devuelto uno de los dones más preciados como es la certidumbre.

Candidatos en campaña, Periodistas activos, Ministros Religiosos, funcionarios públicos, productores de todas las ramas, empresarios, turistas, migrantes de paso, prestadores de servicio, comerciantes fijos y ambulantes, taxistas  y deportistas. Han externado una alerta generalizada contra la inseguridad que ha extendido sus  redes por todo el territorio nacional. Es impresionante la cantidad de advertencias que circulan por las rede sociales y dan el toque de queda para que lo acate una sociedad temerosa e incrédula.          

No es novedoso lo que está pasando,  manifiestan los que siguen con detenimiento los acontecimientos cotidianos  en una región o zona. Y los que ya se están acostumbrando a la incertidumbre focalizada. Lo más interesante son las reacciones de las distintas órdenes de gobierno que ponen en el fuego sus palabras con el fin de que la credibilidad tenga una mayor aceptación. Los resultados son negativos, cada día crece el número de desconfiados  que opinan contrariamente a lo que piensan nuestras autoridades.   

Por ejemplo, si nos guiamos por los senderos de la política, en estos momentos de campañas electorales, los diez partidos que integran la plataforma competitiva, están empeñados en penetrar en el ánimo de los ciudadanos, lo que les dará una votación aceptable y digna de sus aspiraciones. Para ellos la problemática que impera aquí y en otros Estado de la República, son ajenos a su competencia. Hay prioridades y una de ellas es llegar a uno de los tres  poderes de la Federación.    El resto, que vienen a significar la mayoría de ciudadanos, hace votos para que se conserve la planta productiva y no pierdan su empleo. Otros hurgaran en los rincones de las empresas para ser contratados o, con todos los sacrificios, emigrar a ciudades circunvecinas para figurar en la lista de los empleadores. Es considerable el número de personas que abandonan su origen  con la finalidad de cumplir con los requisitos que nos exige la vida, como son  el de: casa, vestido y sustento, (agregándole salud y educación). Con la inseguridad galopante que recorre diariamente los cuatro puntos cardinales del país, no se puede fijar   hora ni fecha de la próxima  víctima de un hecho delictivo, como los  habidos. Y que contabiliza a estudiantes, profesionistas, trabajadores de los medios de comunicación y  podemos agregar los  que elegantemente se les denomina “daños colaterales”.