AÑO 18 VOLUMEN 5161
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PLANA MAYOR

Gaudencio García Rivera

La demagogia de la cuatroté: involución social 

‘Nuestra solidaridad para pequeños y medianos empresarios olvidados por Cuitláhuac García’ 

Desde tiempos inmemorables la demagogia ha sido utilizada por los gobernantes en turno para manipular, distorsionar, ilusionar, ofrecer utopías, panaceas, prometer, incumplir, descalificar, satanizar y desacreditar al oponente.

Al adversario, por ejemplo, la cuatroté, lo llama conservador, fifi, mercenario, neoliberal, mafia del poder y radicaliza su posición: “estás con la cuatroté o en contra (…)”. Y al crimen organizado, que tiene el país de  cabeza, con el Jesús en la boca, con ríos de sangre, es magnánimo:

“Abrazos, no balazos”. Los delincuentes tienen derechos, hay que “cuidar sus derechos humanos”. En la persecución de las mafias de la drogas “no habrá matanzas”. “Eso se acabó”, coronó el catequista y fundador de la cuatroté.

Donde gobierna la cuatroté, el crimen organizado mantiene a los estados sobre la pared, de rodillas y rebasados, en un estado disfuncional. En Veracruz, el discípulo del catequista tropical aplica el mismo método que su patrón, aunque matizado.

La austeridad en  los tres poderes de Veracruz es una parodia. Los servidores públicos, encabezados por el góber continúan con los mismos salarios, estímulos, bonos, viáticos, servicio de escoltas, autos de lujo y blindados, aviones, que

se aplicaron en el gobierno neopanista de Miguel Ángel Yunes Linares (2016/18).

El mini parque aeronáutico continúa operando por el gobierno de Veracruz. La flotilla de aeronaves no se vendió, en algunos casos, se traspasó a la SSP y a Protección Civil. Las camionetas blindadas son utilizadas en sus actividades banales –visitar a los parientes, primos y amigos-, que en recorrer el Estado para comprobar la estela de muertes que ha dejado la pandemia. 

Son muertes ya de conciencia del Estado. El gobierno de Cuitláhuac García dejó en estado de indefensión a los sectores productivos que languidecen por falta de apoyo. No hay magnamidad del gobierno estatal y federal.          

El Poder Legislativo, la federación le comisionó 5 miembros de la extinta Policía Federal, cuando se había advertido que ya no habría escoltas para funcionarios, magistrados o diputados. Fue todo un ardid, una vil mentira, una patraña  de la cuatroté.

El discípulo del catequista tabasqueño, llamado en el argot político como el “pejecista lagartón”, no solo es ineficiente, incapaz, miope por conveniencia, enano y seducido por el síndrome de Hybris –no escucha razones, no tolera la crítica y no escucha a sus asesores, en una palabra: es intolerante-, sino que tiene al estado convertido en un chiquero.

Un estado disfuncional, donde la mafia de las drogas se ha impuesto ante el deterioro y cada vez hundido estado de derecho, corrupción e impunidad de los cuerpos ministeriales, policiales, por bajos salarios que no son los recomendados por los estándares de la ONU.

Los dineros públicos si bien es cierto el novel góber los ha resguardado y administrado mejor que sus antecesores panistas y priistas, no significa que sea un político honrado a carta cabal. Hay un jineteo de los recursos públicos en los

diferentes programas sociales, que curiosamente van a parar a sus bolsillos y de su estrecho círculo de su cofradía.

La ayuda al sector informal –dueños de  micro negocios que son un número importante en la entidad-y formal, ha sido mezquina que no sirvieron para paliar la quiebra de cientos y miles de negocios en Veracruz, ante un gobierno indolente, torpe, cleptocrata y patán. 

Los adeudos rezagados a proveedores impuso el síndrome “kafkiano” para no pagar las deudas por pagar. El gobierno cuitlahuista cuenta con suficientes recursos para cubrir adeudos a proveedores de servicios y medios de comunicación, pero en vez de ello, juega con el destino y vida de un sector socavado por la crisis económica antes y después de la pandemia. 

En el  2021, los votantes  juzgarán a la cuatroté por mentirosos, moralinos, traidores, demagogos y violentar el estado de derecho de por sí erosionado por los capos y gángsters del Duartegate, unos protegidos y uso más penetrados en los entresijos del poder público cuitlahuista.        

*La historia y su origen      

En la historia de las doctrinas políticas se considera que fue Aristóteles quien individualizó y definió por primera vez la demagogia, definiéndola como la «forma corrupta o degenerada de la Democracia» que lleva a la institución de un gobierno tiránico de las clases inferiores o, más a menudo, de muchos o de unos que gobiernan en nombre del pueblo.1

Aristóteles sostenía que cuando en los gobiernos populares la ley es subordinada al capricho de los muchos, definidos por él como los "pobres", surgen los demagogos que halagan a los

ciudadanos, dan máxima importancia a sus sentimientos y orientan la acción política en función de los mismos. Aristóteles define por lo tanto, al demagogo como “adulador del pueblo”.

La demagogia según Platón y Aristóteles, puede producir (como crisis extrema de la República), la instauración de un régimen autoritario oligárquico o tiránico, que más frecuentemente nace de la práctica demagógica que ha eliminado así a toda oposición. En estas condiciones, los demagogos, arrogándose el derecho de interpretar los intereses de las masas como intérpretes de toda la nación, confiscan todo el poder y la representación del pueblo e instauran una tiranía o dictadura personal. En sentido contrario y paradójicamente, muy habitualmente, las dictaduras se han instalado sosteniendo que lo hacían para terminar con la demagogia. Aristóteles escribe que cuando un gobierno persigue el interés general de su población es virtuoso pero si persigue el de un solo individuo o unos cuantos se desvirtúa. Aristóteles define a la demagogia como la corrupción de la república. En este sentido una República debe velar por el interés de todos incluyendo pobres y ricos, por lo que la demagogia como el predominio del interés de los pobres con exclusión de los ricos constituye una aberración.1 Aristóteles se oponía a la República como forma de gobierno ideal, ya que consideraba como la tendencia inevitable a que el pueblo ya no caiga en la demagogia como poder. Polibio denominó esta desvirtuación como ὀχλοκρατία [o.xlo.kra'ti.a], término que se mantiene hasta hoy en el español como oclocracia.

De esta forma también se considera como demagogia esa oratoria que permite atraer hacia los intereses propios las decisiones de los demás utilizando falacias o argumentos

aparentemente válidos que, sin embargo, tras un análisis de las circunstancias, pueden resultar inválidos o simplistas.

La demagogia es frecuentemente asociada con el favorecimiento y la estimulación de las ambiciones y sentimientos de la población, tal como se presentan espontáneamente. Las promesas que suelen realizar los políticos durante las campañas electorales son habitualmente criticadas como demagógicas cuando aparecen como irrealizables. Las Democracias modernas han sido reiteradamente cuestionadas atribuyéndoles la condición de sistemas demagógicos debido a la utilización intensiva de técnicas publicitarias características del marketing, a la personalización de las candidaturas, la manipulación de los medios de comunicación de masas postergando el análisis político escrito, y el recurso sistemático a polarizaciones absolutas (bien-mal, desarrollo-atraso, honestidad-corrupción), o conceptos imprecisos ("la alegría", "la seguridad", "la justicia", "la paz").

Es habitual que las dictaduras recurran a la consideración de las Repúblicas derrocadas como demagogias para justificar los golpes de estado y la imposición de sistemas no democráticos.

Quienes cometen actos de demagogia son denominados demagogos. Para ello suelen contar con equipos de profesionales que aprovechan particulares situaciones histórico-políticas excepcionales, dirigiéndolas para fines propios, para ganar el apoyo de la población, mediante mecanismos publicitarios, dramáticos y psicológicos.

La demagogia puede ser utilizada también para enfrentar poderes legítimamente constituidos, haciendo valer sus propias demandas inmediatas e incontroladas. En este caso el historiador griego Polibio hablaba más propiamente de oclocracia (gobierno de la muchedumbre) como desvirtuación de la democracia (gobierno del pueblo). En este sentido, pensadores como Michael Hardt o Antonio Negri consideran que el gobierno del pueblo es el único sistema democrático real, y cuestionan como demagógicas a las Repúblicas occidentales modernas basadas en la utilización intensiva de los medios de comunicación de masas y la realización de elecciones fuertemente influidas por la demagogia, la falta de educación y la mercadotecnia.2

El demagogo no necesariamente conduce a las masas a la revolución sino que las instrumentaliza para sus propios fines personales, para proceder, una vez obtenida una amplia aprobación, no ya a un proceso de democratización o de trasformación del sistema sociopolítico, sino a la instauración de un régimen autoritario, del que el demagogo sea el indiscutido y despótico jefe, o al acuerdo con las autoridades y las instituciones existentes con tal que éstas le reconozcan una función indiscutible. De esta manera los mecanismos represivos acentúan, en lugar de disminuir, las características autoritarias del gobierno y de la sociedad, e impiden la toma de conciencia por parte de las masas.

Fuente: *Wikipedia