AÑO 18 VOLUMEN 5139

 

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Bitácora Política

Miguel Ángel Cristiani

       La definición de la Real Academia: Intervenir o brujulear en política

·       Tratar de política con superficialidad o ligereza
·       Hacer política de intrigas y bajezas.

Desde antes de que empezara su gira por los estados de la república -entre ellos Veracruz- el presidente Andrés Manuel López Obrador ha estado criticando a los gobernadores que se oponen a la aplicación del semáforo rojo en sus entidades, respondiendo cada vez que se le cuestiona que son acciones de “politiquería” porque en realidad les preocupan las elecciones de diputados y gobernadores del año entrante en algunas entidades.
Por eso es que buscamos en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la palabra Politiquería y no se tiene registrada como tal, lo que si se apunta es el verbo “politiquear” que tiene tres acepciones: 1. intr. Intervenir o brujulear en política. 2. intr. Tratar de política con superficialidad o ligereza. 3. intr. Am. Hacer política de intrigas y bajezas.

Luego entonces cabe preguntar qué es lo que hace todos los días el presidente Andrés Manuel López Obrador con sus conferencias mañaneras, en donde se critica, injuria y acusa a todo aquel que no piensa igual al mandatario.
Y eso es todos los días…

Más aún, que no es hacer política “de intrigas y bajezas” como dice la REALE, el andar recorriendo los estados -como si todavía estuviera en campaña electoral- para dar los mismos mensajes que lanza desde su conferencia mañanera en la capital del país.
Que no las conferencias mañaneras, ahora en provincia, son mensajes anticipados de campaña electoral de lo que se viene el año próximo.

Porque por eso hay quienes se preguntan ¿a qué viene realmente el presidente López Obrador?
Porque no viene a poner en marcha operación alguna carretera, hospital, escuela o universidad, de esas ocho que vino a decir que se están construyendo pero que nadie sabe en dónde y cómo van de avanzadas y cuando las van a terminar.

Porque tampoco se vino a entrevistar con lo que llama “el pueblo sabio” ya que cuando las organizaciones de búsqueda de desaparecidos, maestros o desempleados, trataron de hablar con él, no se detuvo el convoy de camionetas -por cierto de gran tamaño y lujo- a la salida del cuartel militar en Emiliano Zapata, con el pretexto de guardar la “sana distancia”.

Pero entonces para que venir a hacer una conferencia de prensa mañanera, que más bien debería de llamarse mitin político a sana distancia por medios de comunicación masiva, con ausencia de la gente del pueblo.

Porque como ahora en esta ocasión, no se puede hacer un mitin como se acostumbra ahora en la Cuarta T, en que se lleva a los beneficiarios de los programas sociales, para que aplaudan y aprueben sus famosas consultas populares a dedo alzado.

Por eso es que en las conferencias mañaneras se emiten mensajes todos los días, para denostar a los políticos y las políticas públicas de las administraciones de los sexenios pasados, porque se sabe perfectamente que existe un enorme malestar hacia la política en general, por todos los casos de corrupción -que no han sido ni serán castigados- la lucha descarnada por el poder como la que ya se inició desde ahora, o la demagogia en los discursos y programas sociales, que han provocado un profundo desencanto entre la población en general. Precisamente, para expresar esta decepción, se emplea el término “politiquería” y con él se da a entender que el mundo de la política está regido por intereses ilegítimos e innobles -clientelismo, corrupción, nepotismo, abuso de poder, para mencionar solo algunos-.

En el lenguaje coloquial abundan las frases que ponen de relieve el profundo desprecio de algunos hacia la política y los políticos en su conjunto: "todos los políticos son iguales", "a mí no me interesa la política", "es mejor no meterse en temas políticos".

Este tipo de afirmaciones forman parte de las conversaciones cotidianas en distintas latitudes del planeta. Con ellas se trasmite un rechazo evidente hacia la política, pero quienes las utilizan quizás olvidan que no hay ninguna otra alternativa a la política.
Si bien es legítima y necesaria la crítica hacia la política, se corre el peligro de que las posibles soluciones sean todavía peores. No hay que olvidar que muchos movimientos populistas han surgido, precisamente, de un clima social de rechazo hacia la política convencional.

Así las cosas, no hay que confundir lo que la política, con lo que es la politiquería.

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