AÑO 18 VOLUMEN 4890
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Gaudencio García Rivera

Duartegate: ¿salvaconducto a la cofradía?

A las familias de las mujeres que han sido víctimas del feminicidio en Veracruz

Jamás en la historia de Veracruz –una afrenta sociológica-, se había cometido un vil, descarado y perverso deterioro al erario público y tejido social en una singular conspiración presidencial con integrantes del oprobioso Duartegate, que hoy gozan de un salvaconducto y de cabal salud, para no ser tocados ni con el pétalo de una rosa.

Han pasado nueve meses desde que inició la gestión morenista de Cuitláhuac García Jiménez, con muchas luces y ruidos estridentes para someter al círculo privilegiado de Duartistas que, a todas luces ha resultado fallido, vergonzoso y humillante como la mayoría de los ejes sectoriales y de seguridad de su plan de gobierno. 

Los que se confabularon con el anodino exgobernador Javier Duarte en contra del patrimonio del gobierno de Veracruz -más de 55 mil millones de pesos andan en las cuentas bancarias de los bucaneros-, gozan de cabal salud y absoluta libertad que hasta se exhiben como las histriónicas en las marquesinas para exhibir su egocentrismo, narcisismo y riqueza pecuniaria.   

Pero  la justicia es miope para los personeros de cuello blanco y tótems, exgobernadores, caudillos y caciques que protegen a los líderes del crimen organizado, el cual mantiene

en un estado de indefensión a Veracruz. El iluminado, el liberal trasnochado y fervoroso cristiano, cada vez que viene a Veracruz, se la pasa echando incienso a su pupilo en lugar de exhortarlo a que corrija el orden con el báculo.   

Una justicia que en el fondo se interpreta como la máxima juarista “para los amigos justicia y gracia, mientras que para los enemigos, la ley a secas”, que conforme pasan los días y meses pareciera la más absurda maquinación de pactos o acuerdos aviesos en las alturas del góber Cuitláhuac García con los emisarios del dañino Duartegate. 

No hay ya inmunidad para los allegados duartistas -hay dos grupos: el uno, que eran diputados federales y, el dos, que entraron y salieron del penal de Pacho Viejo, sujetos, todavía, a proceso penal-, pero el titular del Poder Ejecutivo anda distraído y enconado con el choque patológico que se trae con el fiscal general, Jorge Winckler Ortiz, a nueve meses de su gris y accidentada gestión.    

El pretexto, en efecto, le ha permitido construir un discurso incendiario contra el titular de la fiscalía general autónoma y el exgobernador panista Miguel Ángel Yunes Linares como corresponsables del Veracruz violento por presuntos pactos con los jefes de las mafias del narco y de nuevos quebrantos patrimoniales al gobierno de Veracruz, durante el bienio del albiazul.

La justificante del góber morenista ante el imaginario colectivo le ha caído como una luz para el túnel de sus deterioradas neuronas, para responsabilizar de todos los males y agitación demoniaca que enfrenta Veracruz a las políticas del expriista

Javier Duarte –a buen recaudo en prisión- y de Miguel Ángel Yunes. En este trajinar, en estos bretes y de estridencia inicial, el gobierno morenista se ha lavado las manos como Poncio Pilatos.

Han sido nueve meses de extravíos, de anatemas, de antípodas, de posturas draconianas, de quimeras con discursos que rayan en la entelequia y monserga. Pero el pupilo, el pelele y bardo del liberal trasnochado otorgó desde enero de 2019 indulgencias, o mejor dicho, salvaconductos para la cofradía del Duartegate, con la bendición de AMLO.

Es absurdo y abominable que la frase “ni perdón ni olvido” haya quedado en el baúl de los recuerdos. La sociedad civil no es ingenua ni miope. Es curioso, pero en sus discursos, el góber morenista es raro que toque el tema del Duartegate, de los bucaneros que conjuraron contra el erario público del gobierno de Veracruz.

Ha sido el peor tsunami financiero maquinado que colapsó las instituciones públicas. Pero el castigo se negoció en las alturas de Cuitláhuac y del mesías tropical. Como grandes histriónicos se pasean por las calles de la Ciudad de México y de la capital del estado los actores estelares del Duartegate.

No hay denuncia penal de la fiscalía general contra Alberto “El Cisne” Silva Ramos, excoordinador general de Comunicación Social y extitular de la Sedesol. Tampoco la había para Édgar Spinoso Carrera, exoficial Mayor de la SEV, aunque recientemente se le dictó orden de aprehensión, pero por asuntos diferentes del affaire duartista. Las que había simplemente se archivaron.

El resto de la cofradía, Adolfo Mota Hernández, extitular de la SEV, Eric Lagos Hernández, exsecretario de Gobierno, Juan Manuel González, Antonio Tarek Abdalá, extesorero general de la Sefiplan, Fernando Charlestón, extitular de la Sefiplan, Jorge Delfín, Vicente Benítez González, exoficial Mayor de la SEV, Gabriel Deantes, extitular de Trabajo, Antonio Pelegrín, extitular de la Sefiplan, andan tan campantes ante la justicia desdentada de la fiscalía general.

¿Quién o quiénes se quedaron con los dineros públicos del quebranto patrimonial de Veracruz? ¿Salvoconducto de por vida para los duartistas? ¿Dónde  quedó la sentencia de ni perdón ni olvido? Ante este epílogo, se entienden las libertades que goza en las redes sociales el mofletudo reo y exgóber Javier Duarte. ¡Grave! ¡Súper grave!

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