AÑO 7 VOLUMEN 2564

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EL CONFESIONARIO DE RASPUTÍN

Francisco Rubén Chávez Osorio

Ser joven, ser viejo

 

“SE ES joven cuando se tiene impaciencia por los problemas del hombre y no por los problemas personales. Se es joven cuando se está animado de constante inquietud, de propósitos de reformar. Se es viejo cuando se aspira a la quietud, cuando se mira atrás. Se es joven cuando se ve la vida como un deber y no como un placer, cuando nunca se admite la obra acabada, cumplida, cuando nunca se cree estar ante algo perfecto…”
“Se es joven si se está lejos de la docilidad y el servilismo, si se cree en la solidaridad y en la fraternidad. Se es joven cuando se quiere transformar y no conservar; cuando se tiene la voluntad de ser y no de poseer; cuando se sabe vivir al día, para el mañana, cuando se ve siempre hacia delante; cuando la rebeldía frente a lo indeseable no ha terminado; cuando se mantiene el anhelo por el futuro y se cree todo posible; cuando todo esto se posee, se pueden tener mil años y ser joven. Hay juventud con años y vejez antes de tiempo…" (J.R.H.) *1

 

Un joven es sinónimo de energía renovada y renovadora, inquieto con sed de transformación y crecimiento. Su espíritu lo impulsa a emprender  tareas aventuradas y a recorrer nuevos caminos. En tal sentido me identifico con ellos.
En México somos aun un país de gente joven.
¡Que despierte la juventud! Sí, yo  quiero a la juventud despierta, que realmente se sacuda y se quiera a sí misma, que se comprometa consigo, con su familia y su patria.
¿Cuántos jóvenes vemos viviendo de manera autómata?, extasiados, idos, en programas de televisión donde todo es tragedia, sufrimiento y dolor (telenovelas), o los llamados “reality shows”, en donde una conductoras o conductor exhibe a unas personas con problemas familiares, en donde después de grotescas actuaciones, por arte como de magia, esta conductora pasa a ser una semidiosa y le arregla la vida a las personas a la vista del auditorio.
Hoy por hoy es sumamente fácil por ejemplo ver a jóvenes que saben de memoria los nombres de los participantes de “la academia” (de la generación que gustes), de los actores de las telenovelas (del canal que prefieras); que por cierto llevan décadas transmitiéndose, y de manera cotidiana  se ven en los hogares, negocios e incluso hasta en algunas oficinas, y ¡aguas! Con intentar cambiar el canal mientras estas duren, porque puede ser motivo de un serio problema…si, se han grabado hasta el subconsciente colectivo del mexicano.
México, después de un mal llamado proceso de “conquista” (Hernando Cortes), en donde a este, nuestro país le fue arrebatado un tesoro; su identidad de nación, violentadas sus mujeres, impuestas creencias religiosas a base de espada y dolor, aunque los que escribieron esa historia llamaran salvajes a nuestros antepasados. Sin embargo a través del tiempo abrazaron con tanta fuerza la Fe, que ya quedo también registrada una “Cristiada”…
Un pueblo al que se le quemó gran parte de su legado en códices donde celosamente conservaba la sabiduría de medicina herbolaria, conocimientos de arquitectura, cálculos astrológicos, poesía, etc., toda una riqueza cultural.
Desde entonces en medio de una mezcla multi racial, multi credos, multi cultural, se ha comportado como un permanente México adolescente, que perdió sus raíces en algún momento, y lucha contra sí mismo por saber quién es realmente, y como todo adolescente recibe influencias de otras formas de conducta, otros modelos a los cuales imitar.
Así caminando, creciendo, de pronto os atrapó el avance tecnológico mundial con todo tipo de  riesgos que implica, como hemos podido experimentar. De manera especial quiero referirme a la llamada Generación “Y”, que comprende a los nacidos entre 1982 y 2002; que entre otras cosas se caracteriza por el uso de herramientas y formas de comunicación como teléfono celular y redes sociales, que han revolucionado nuestra forma de relacionarnos. Pero donde también tiene  sus propias modas y maneras de ver la vida, en donde todo se quiere de manera fácil y rápida, con “hueva” al esfuerzo y a la disciplina, en donde se puede tener acceso a todo de manera muy fácil, con una actividad sexual tan relajada que se llega a caer en el libertinaje; una generación que con la hueva y demás no le gusta leer ni el principito.
Para los jóvenes “Y” la comunicación y las redes sociales es lo máximo, estar sin estos es correr el peligro de entrar en un estado de ansiedad letal.
Sumando estas características de los “Y” y los factores que nos han afectado y nos afectan como país, y metidos de lleno en un  proceso electoral histórico, se dio un desencuentro entre el candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña  Nieto y unos estudiantes de una universidad curiosamente privada, de donde vendrían las primeras reacciones, como la de dudar de la autenticidad de si eran o no estudiantes o genuina o no la manifestación agresiva de repudio a la visita, dado que es característico en jóvenes de clase económica elevada en nuestro país que ni les interesa en su mayoría la cuestión política y menos aún votar… Obteniendo como respuesta a un estudiante mostrando su credencial con número 131, y en consecuencia la “muestra solidaria” de otros estudiantes diciendo yo soy el “132”…
Y, como vivimos en un país “talk show”, en donde se nos vende y donde compramos todo lo que sea escandaloso, exhibicionista, lo que hace ruido o bien aquello que toca las fibras sensibles del México adolescente. Así se disparó en automático por el efecto expansivo de las redes y el internet informativo el ahora llamado “despertar de la juventud”
Realmente ¿estaba dormida? ¿Cuándo se durmió? ¿Soñaba?... Sin duda mucho zombi, aparentemente  despiertos pero ambulando de manera autómata, dejando las acciones y los deseos de transformación para “los demás” o “el gobierno”.
Juventud dormida en medio de talk shows, otros muchos (7.5 millones, 6 millones de estos mujeres convertidos en “ninis”), todos estos de manera tácita sin sueños, ¿y el resto soñara? ¿Desea cambiar la realidad de México?, porque “que hueva we”…
Por una juventud y sociedad dormida hoy tenemos 7.5 millones de “ninis”, vivimos en un país que dejó de soñar y prefirió un camino fácil, de placer y dinero fácil, sin trabajar ni estudiar, ¿para qué?, una juventud sin respeto a la autoridad (desde casa), ni valores, un juventud que perdió el rumbo y decidió vivir fuera de la realidad y hacerse adicta a cualquier tipo de droga y alcohol. Hoy tristemente México ensangrentado muestra imágenes de muchos jóvenes, hombres y mujeres casi niños convertidos en sicarios. Muchos jóvenes que se perdieron en un camino rebelde de un no esfuerzo, de hueva, pero en cambio el placer y delirio de poder sin importar que para ello se arranque de la vida a gente inocente, incluyendo a niños y bebes; todo por tener cosas de lujo, un trocón, una casona, harta lana para gastar a manos llenas en antros con todo tipo de consumos y tiendas, para apantallar a los demás. Aparentemente pudiera parecer legítimo, pero esa búsqueda es una mentira con apariencia d verdad, sin respeto a nada ni nadie, no reglas, no leyes, no Dios, para así no tener nada que le impida hacer lo que quiere.
¿Hasta donde hemos llegado como país a convulsionarlos?, si toda esa juventud y toda esa energía se lograra canalizar correctamente seriamos in duda una gran potencia a nivel mundial.
Nuestra juventud es el presente y futuro de nuestro país. Pero los grandes cambios no se logran gritando, ofendiendo, ni llamando e incitando a acciones tendenciosas, es ahí donde lo que pareciera aparentemente genuino pierde su razón de ser, más aun sin una propuesta o alternativa de solución, pero si denostando y demostrando intolerancia, especialmente en este proceso electoral, no antes, no después…se me antoja raro
Desde niño recuerdo me toco todavía ver los televisores en blanco y negro, en ellos muchas veces tuve oportunidad de ver películas de Mario Moreno, “el profe”, “su excelencia”, “el patrullero 777”, “el señor doctor”, “si yo fuera diputado”, etc., siempre en todas se hacía un llamado a la conciencia en medio del buen humor y sus actuaciones dibujaba la realidad desde su época y la manera como debieran ser las cosas, también hubo jóvenes de ese tiempo, y también se planteaban alternativas de solución.”
Arturo Cuyás, en su libro “hace falta un muchacho” (*2), define y orienta la manera como debe ser un muchacho que al transformarse en hombre sea un ciudadano de bien.
Cuando nuestra juventud realmente logre despertar y quitarse, sacudir todos esos lastres  los jóvenes “132” no necesitarían ni gritar ni salir a las calles a tratar de “cambiar el mundo”, sin obtener realmente un resultado positivo, más allá de  un acto de manifestación, de protestas, en el cual sin duda ha habido otros ganadores, menos ellos en una cuestión que pudiera ser legitima.
En todo caso yo me quedo con la metodología antigüita de escuchar, aprender y emprender, actuar en consecuencia, comprometerse con uno mismo, la familia y la patria. (Si eres un hombre de Fe, con Dios).
Yo Soy 777

(*1) Jesús Reyes Heroles
(*2) Editorial Porrúa, colección “sepan cuantos”, 1979.

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