AÑO 18 VOLUMEN 5404

 

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La Gotera

ANAVERSA; 30 años después, y ahora.

Ramón Rocha Manilla*

“La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”

  1. Lavoisiere

 

El accidente por plaguicidas más grave en América cumple 30 años: después del siniestro en Bophal, India (1984) y Seveso, Italia (1976), el accidente ANAVERSA continua en la penumbra de la justicia social y el riesgo a la salud de los y las cordobesas y sus vecinos, representando aún un riesgo importante a la salud humana y ambiental.

En 1994, siendo estudiante de medicina y de sociología, mi querido profesor el Dr. José Luis Blanco Rosas me condujo a la investigación social, y clínica del problema ambiental por plaguicidas, padre de todos los problemas toxicoambientales: ANAVERSA. Es cuando conozco a Rosalinda Huerta Rivadeneyra, y la luz de su apuesta por los derechos humanos de las víctimas morbi-mortales me integra a la razón de la importancia que la investigación científica puede contribuir en la justicia social.

El 3 de mayo de 1991, se generó el coctel mortal de plaguicidas en el barrio de la Estación. Se calculan tan siquiera unas 2,000 familias afectadas, con 296 hospitalizados por intoxicación grave. No hay claridad con las muertes inmediatas, pero sí en las de complicación ventilatoria. En el momento del accidente, el personal de la fábrica, bomberos y otros auxilios no contaron con máscarillas de protección, usando solo cubrebocas. Los tóxicos quemados fueron mezcla de organoclorados y órganofosforados, entre otros. Esta combinación de agroquímicos provocó un olor fétido persistente en la zona, durando de meses a años, naturalizando en los vecinos respirar ese mal olor que aumentaba con calor y lluvia.

Citando a Lavossiere, encontramos respuesta a lo que podría pasar con los químicos quemados (y prohibidos por la Organización Mundial de la Salud desde 1987); que, de su mutación química, los plaguicidas se transforman en impurezas como fosfágenos, furanos y dioxinas, altamente dañinos a la salud humana.

Estos daños son de lo más complejo y jamás presentados en algún evento similar. La azarosa mezcla entre plaguicidas del tipo de los organofosforados y organoclorados ha sido un coctel químico de variadas consecuencias.

Los organoclorados son compuestos de alta toxicidad en forma aguda como DDT y sus derivados, siendo más letales si son absorbidos de forma inhalatoria que por vía oral o por piel. La mayoría de intoxicados en ANAVERSA fue vía inhalatoria, afectando sistema nervioso central, hígado y riñón. Estos químicos se acumulan en tejido graso, contraindicado en su manejo la ingesta de grasas, siendo indebidamente tratados por los Servicios de Salud de Veracruz otorgándoles a través del DIF, 1000 litros lácteos a los damnificados.

El cuerpo de bomberos y los apoyos que llegaron, limitaron el fuego con agua, lo que evitó un accidente mayor, como la explosión de enormes tanques con veneno. Lamentablemente, el agua vertida hizo lodos de lixiviados tóxicos, los cuales se vertieron en los arroyos y pintaron las calles. Al secarse formaron ciclos al esparcirse por el aire y el agua de lluvia que cayó a tinacos descubiertos, formando natas apestosas que la gente quitaba, incluso con la mano.

El caos social se incentivó con la negación del accidente por parte del Estado. A partir del gobierno de Dante Delgado, y los subsecuentes, sobre todo con Patricio Chirinos, lo relacionado a ANAVERSA fue negado. A pesar de la exigencia de la Asociación de Afectados por ANAVERSA, la Secretaría de Salud de los gobiernos de fin de siglo y principio de este, no se interesó en hacer un seguimiento epidemiológico serio, a pasar de que reportamos el incremento de tumores malignos a partir de 1991 con cifras de la misma Jurisdicción 6 de Córdoba. De estas mismas cifras, se puede identificar el notado aumento de la Diabetes Mellitus 2, mayor del crecimiento nacional a partir de los noventa, el aumento en anemias que triplicaron por año de 1991 a 1995, y más aún, las anomalías congénitas, además de la morbimortalidad materna y perinatal. Junto con ello, el aumento de casos de Insuficiencia Renal Crónica, enfermedades de la piel y de las vías respiratorias en sus primeros años. Calculamos que si la epidemia de COVID19 hubiera sido poco tiempo posterior al accidente, la mortalidad en Córdoba hubiera aumentado hasta 3,000 casos en los primeros 5 años. Esto significaría que la tasa de mortalidad en Córdoba a consecuencia del accidente hubiera llegado a 19.02. En este tema, la tasa de mortalidad aproximada a causa de la intoxicación por ANAVERSA de 1991 a 1996 fue del 9.6, esto en cifras es muy grave.

Los plaguicidas esparcidos sin haberse quemado se han mantenido en el ambiente de entre 5 a 30 años, según estudios previstos por la OMS. Pero el tratamiento de estos por las condiciones del accidente pueden mantenerlos en el ambiente, quizá hasta mediados de este siglo. La grasa corporal de los cordobeses mantuvo los plaguicidas por muchos años, sin embargo, aunque ya se hayan metabolizado, los efectos nocivos sobre hígado, riñón, piel, sistema nervioso y sistema endócrino, hematopoyético (el formador de la sangre) podrían dar nuevos casos en los siguientes años, esto aunado a la contaminación ambiental por el Bisfenol A o los ftalatos generados por los plásticos, además del hollín de la quema de caña de azúcar, el plomo generado por el transporte público, mantendrá aumento en la hipertensión arterial, obesidad, diabetes, insuficiencia renal, cáncer, anemias y más en los siguientes 20 años.

Los 30 maños de ANAVERSA sólo nos indica que estamos sobrepasando la mitad del camino, y que las acciones en tema de salud, protección civil, urbanidad y derechos humanos tiene aún, mucho trabajo por hacer.

 

*Médico e investigador, Diputado por el XX Distrito local Orizaba